Caballos geométricos

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Periplo de un libro argentino


En la “advertencia” de la segunda edición del libro “ Un vaso de agua” de Antonio Requeni se describe, mas o menos, el periplo de los libros de muchos autores argentinos…”los únicos volúmenes salvados de El vaso de agua, fueron, pues, los que en un primer momento retiré y regalé  a mis amigos, así como los pocos que pudieron haberse vendido antes de la quiebra. Por lo tanto, cuando el editor Roberto J. Plaza se ofreció generosamente a publicar un libro mío le propuse reeditar El vaso de agua. No poseía suficiente cantidad de poemas inéditos como para armar un nuevo volumen, pero pensé que dichos poemas podían agregarse conformando una reedición “ corregida y aumentada”.
 Por supuesto que la obra de Requeni es un poemario del mas alto nivel. Una sacralización de lo cotidiano en aras de la belleza donde los recuerdos y el tiempo tienen una importancia nodal. Poesías cargadas de “melodías,bellezas y emoción” (usando las propias palabras de Requeni) como puede verse, por ejemplo en los versos de “Sala de Espera”.
Nuestro cuerpo es una sala de espera
donde la muerte se entretiene
leyendo una revista.
Sentada, hojea nuestra alma
(grabados con leyendas neblinosas
y excesivas erratas en el texto)
Extrae luego un lápiz y descifra
las palabras cruzadas. Dobla ahora
ya las últimas páginas. Bosteza.
Cruza las piernas. Fuma un cigarrillo.
Hasta que suena un timbre y se levanta.
Antonio Requeni.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Brindis por Berger


El 4  de marzo, mientras mi mujer buscaba los libros de John Berger en nuestra biblioteca,  yo leía en el suplemento literario del diario Perfil , en su sección las diez preguntas, que el escritor Gabriel Yeannoteguy decía que su autor favorito vivo era el mismo  Berger. Como resultado de otra pregunta  respondía que Berger era su candidato para  un eventual premio nobel, lo que al margen de que tal vez el mismo Berger no lo aceptara, el premio seguiría vivo. Yeannoteguy lo describía como a un “viejo comunista del siglo  XX al que no le  entró nada de posmodernidad”; todo último dicho en forma elogiosa. Coincido totalmente con el comentario. Con su prosa sincopada, empapada de sentido y belleza, Berger que suma a la literatura actual sus nobles viejos ideales y su mundo píctórico de crítico de arte. Ese arte que se pone del lado humano y busca los orígenes.

martes, 28 de febrero de 2012

Libro de buena mesa

Después de leer en el diario clarín la nota, "Los frutos del apetito" de J. Cofreces y Eduardo Mileo ( uno de los mejores poetas de su generación, a mi modesto entender) me fuí a buscar el libro " Comer y beber a mi manera" de don Manuel Vicent. Este libro que adquirí hace mas de un par de años, es el único de la casa que está fuera de la biblioteca y convive en el comedor de mi hogar con papeles varios y recetas. Su estilo y contenido también lo hace aptos para ser usado como libro de cocina.
Su autor es un admiradísimo caballero anarquista, que como escritor y periodista es un colaborador del diario El país de España. En nuestra tierra colaboró con todos los medios grandes para recalar en la revista "Viva" de Clarín. Vicent es un anarquista melancólico, ambas cosas recorren toda su obra desde la famosa novela " Son de mar", hasta este libro donde campea el amor y la libertad, su mirada hacia atrás y sus ideales de un mundo que no mejora del todo. Escribe sobre los platos de su niñez, simples y suculentos, de nutritiva sencillez y de como se engarzan en su historia,así como de las sensanciones que le despiertan los animales que van al matadero y su "vegetarianismo" curioso y ecléctico.
Debo reconocer que además de disfrutar de sus letras, lo cual hago desde el principio de los noventa cuando don Manuel escribía en el diario Página 12 y vino a la Argentina con  su traje blanco y su sombrero aludo del mismo color y nos cautivó a todos con su disertación en el ICI.  Ahora disfruto de sus letras y aprendí a hacer paella.

Estos libros que cruzan disciplinas a veces son farragosos, no es el caso de " Comer y beber a mi manera" que es una invitación amena de un amigo que comparte la mesa, sus secretos y sus vivencias y como si fuera poco enseña delicias, como el "pollo al curri de madrás", que en mi hogar se ha vuelto una celebración.

martes, 21 de febrero de 2012

Hudson

Guillermo Enrique Hudson es uno de nuestros escritores mas paradójicos. Nacido en Estado Unidos, habiendo vivido la mayor parte de su vida en Gran Bretaña y habiendo escrito su obra en Inglés es, sin embargo, uno de nuestros mejores escritores que escribió al decir de algunos críticos uno de los mejores libros de la literatura de los últimos dos siglos, " Allá lejos y hace tiempo" donde describe sus vivencias de la pampa a los ochenta años pero con la frescura de un niño. La mayoría de su obra recuerda a la pampa. Esa pampa anterior a los tiempos del alambrado, la muestra en profundidad y con la intimidad de quien fue uno con esta tierra. A los treinta y cinco años  aquejado por una fiebre reumática Hudson se fué, de algún modo, a "morir" a esa Inglaterra desarrollada en la que vivío mas de cincuenta años añorando a ese país al que nunca pudo olvidar y a esas especies animales a las que estudió desde niño en esos campos que se extendían desde Quilmes hasta Chascomús. Amaba a esas especies, a esa gente a la que describió con aires casi sociológicos y a los quinientos libros que  formaban la biblioteca materna - única biblioteca con que podía contar en esa época en que vivía en plena llanura, a muchas horas de diligencia de Buenos Aires-. Esos volúmenes que junto con su curiosidad infantil lo constituyeron en el gran escritor que fué y que nunca se recuerda ni tiene en cuenta lo suficiente.